IN FINITO

 

 

Ya no recuerda cómo sucedió.  Dicen que antes él fue un luchador, que quiso  cambiar el color de las cosas, borrar lo gris, hacerlo brillar de azul, rojo y amarillo.  Ya no recuerda cuándo se dio por vencido y emprendió el camino hacia la Cúpula del Tiempo sin mirar atrás, sin sentir remordimiento por los que dejaba a su suerte, por los que seguían luchando para cambiar el color de las cosas, sin importarles caer en el camino.  Ahora él vive en la Cúpula del Tiempo y ella está afuera.

 

Recuerda bien cuándo la vio por primera vez, tan frágil, cargando esos pesados cubos de pintura.  Pintaba todo sin desmayar ante la negativa del gris por desaparecer.  Insistía tan seria… tan tierna. Jadeaba, secaba las gotas sobre su frente y continuaba su tarea.  El sonrió, recordó un pasado ya lejano, la invitó a entrar.  Ella se negó suavemente, lo invitó a salir.  Si él saliese, podría vivir con ella; si ella entrase... si ella entrase moriría asfixiada.  Y es que él vive en la Cúpula del Tiempo, ella está afuera.

 

Hay que bajar los brazos y perder la batalla para entrar, ella nunca lo hará; hay que dejar de respirar, a ella no le importa tener que pelear con la podredumbre para alcanzar el aroma de las flores. Ya es demasiado tarde para que él deje SU Cúpula, es demasiado pronto para que ella muera asfixiada.  El vive en la Cúpula del Tiempo y ella... ella está afuera.

 

Y se aman, y ella llora, y él ¿Llora?  Quizá las lágrimas más amargas son las que se llevan dentro. Pero el Tiempo los separa, él ya no encuentra la salida y seguirá hasta el fin de sus días en la Cúpula del Tiempo y ella, una mañana, ya pronto, secará sus lágrimas, cogerá sus pesados cubos de pintura, mirará hacia adelante y seguirá afuera.

 

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