VAMPIRO III

EL LOUP-GAROU

 

 

 

 

Temo al Lobo Feroz

que sentado con pérfida sonrisa

aguarda en la penumbra de la sala

a la tierna Caperucita

para volverla roja.

Es el Lobo

que se casó con la abuela

y que ahora sueña

con devorar

una Caperucita Azul.

 

 

 

 

No, no lo busques escondido en el armario ni debajo de tu cama, él se esconde mostrando las heridas, pequeña.

 

Ten cuidado, debes estar alerta pues no tratará de engañarte a ti, engañará a tu madre y le dirá que entiende su soledad, que sabe lo dura que es la vida (¿Y dónde está el padre?) Y como su sexo está hambriento de caricias y como tú pesas tanto pequeña, ella creerá.

 

Y entrará a tu casa sonriendo, se tragará tu comida, cantará en tu ducha, te dirá cómo sentarte y como levantar el dedo meñique al tomar una taza de té, dormirá en tu cama, con tu madre y te querrá comer.

 

No saltará a tu garganta para chuparte la sangre, te esperará en silencio, cuando no haya nadie a tu lado, te propondrá coger flores para dárselas a tu madre y te hablará del camino corto y del camino largo y de las caricias que ella, egoísta, solo guarda para sí. (¿No quieres probar?).

 

Pero tú eres más lista y sabrás que algo encubre detrás de esa hilera de dientes afilados que fingen sonreír.

 

No tengas miedo, pequeña; tu madre no es sorda ni ciega, ella te escuchará y verá lo que él quiere mantener en penumbras, porque el sexo no domina las entrañas, y lo arrancará de su corazón y escupirá todos sus besos y verás que ella también tiene fauces y que sus uñas también son largas.  No te asustes cuando veas lanzar sus restos a los perros de la calle para que acaben de devorarlo, ella sabe lo que hace.

 

Porque algún día Tú dejarás de ser pequeña y tendrás la responsabilidad de una vida bajo el brazo y entonces comprenderás que una madre puede ser la más sanguinaria de las fieras…y que ella no le teme al lobo.

 

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