Hay alergia al algodón de la madre

y a los concentrados de la abuela.

 

Hay alergia al polvo de los libros,

a la arena de las pirámides

y a la viga en el ojo ajeno.

 

Hay alergia a la caída de pelo,

al humo de la pipa del poder al paso

y a la tiza gastada en blanco.

 

Hay alergia al aire extranjero,

a la sagrada familia, a los ateos

y a los olvidos que matan niños.

 

Hay alergia a la hierba

de primavera que llegó en otoño,

a los ladridos del perro que no muerde

y al camino del buey.

 

Hay alergia a las continuas muertes,

a las esperas que no aguardan,

a las miradas oscuras

y a las estatuas tardías.

 

Cómo asfixia el asma en el alma.

 

 

 

                                        

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